La importancia de tener una infancia alegre

tener una infancia alegre

La importancia de tener una infancia alegre

Existe. La infancia feliz, existe. A un lado y a otro de esta etapa de la vida existen dos partes de uno mismo íntimamente conectadas. Las bases de la primera son el reflejo de las actitudes de la segunda. Solo por ello, el entorno en el que crecemos es fundamental para las conductas que adquirimos durante el resto de nuestras vidas.

Millones de niños y niñas con una infancia marcada

En la actualidad, casi 385 millones de niños y niñas viven en situación de pobreza extrema, un dato escalofriante que nos remueve por dentro. Según un análisis publicado por el Grupo del Banco Mundial y UNICEF, “los niños tienen más del doble de probabilidades que los adultos de vivir en situación de pobreza extrema”. Sin necesidad de preguntarnos a nosotros mismos, todos damos por hecho, inconscientemente, que la infancia debe ser alegre, pero ¿te has preguntado por qué? ¿Sabes los problemas que acarrea no vivir felices los primeros años de nuestra vida?

¿Por qué tener una infancia alegre?

Puede parecer una pregunta descabellada, pues todos sabemos que no debería ser de otra manera. Sin embargo, la realidad es otra. Existen millones de niños y niñas cuya infancia es marcada por la pobreza, situaciones de desamparo, conflictos bélicos, orfandad. Niños que jamás han tocado un juguete con sus manos. Niños que no conocen la protección y el cariño de unos padres. Pequeños y pequeñas que sufren enfermedades incapaces de sanar. Recuerdos, situaciones y circunstancias que truncan sus vidas dejando una fuerte marca en sus memorias.

Las vivencias de nuestra infancia determinan nuestra vida adulta. Seguramente, hayamos escuchado eso de que “los niños son como esponjas”. Sí, así es. Tanto para lo bueno como para lo malo. De hecho, hay estudios que demuestran cómo algunos rasgos del comportamiento adulto están influidos por situaciones vividas y el clima en el que se desarrolló su infancia. En definitiva, la principal razón por la que resulta importante tener una buena infancia es porque las situaciones vividas durante este proceso marcan el comportamiento adulto. A raíz de esta afirmación, podemos encontrar las siguientes razones:

  • Las relaciones que tenemos con nuestros padres y amigos cuando somos niños determinarán, en gran medida, cómo serán nuestras relaciones de pareja.
  • Si un niño sufre maltrato durante su infancia es más probable que de adulto sufra trastornos mentales como la depresión.
  • Las situaciones traumáticas pueden tender a enfermedades crónicas como la obesidad.
  • La infancia marcada por una mala alimentación influye en el riesgo de padecer determinadas enfermedades.
  • Optimismo. Echar la mirada hacia atrás nunca debe ser una acción para mal, sino para bien. Observar nuestros pensamientos y retomar aquellas vivencias en las que éramos felices, sin preocupaciones, nos hará valorar las cosas positivas.
  • La protección y el cariño recibidos de niños nos ayudan a expresar nuestras emociones.

La memoria: el órgano que nos regresa a la felicidad

¿Alguna vez te has parado a recordar los momentos que viviste durante tu infancia? Aquellas situaciones en las que todo parecía sencillo. No existían las complicaciones, ni las prisas. El estrés se traducía en salir corriendo a la calle para jugar con tus amigos. Imagina cómo serías en este momento si no hubieras vivido en aquellas circunstancias. Seguramente, hoy no serías la persona que eres. Haber crecido en un hogar formado por nuestros padres y hermanos construyó una barrera protectora de amor, protección y cariño que, hoy, nos ayuda a expresar nuestros sentimientos y emociones. Éramos ingenuos. Por ello, resulta imprescindible vivir una infancia alegre y feliz, porque será la base de nuestras vidas.

Los niños y niñas son el reflejo de la felicidad, la ingenuidad y la alegría. Cuando crecemos, pensamos en tener hijos y brindarles lo mejor de nosotros mismos. Traerlos al mundo no debería ser solo un foco de su futuro, sino más bien de retomar nuestro pasado.

¡Nunca es tarde para tener una infancia alegre!

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