Consecuencias de una infancia sin recursos

consecuencias de una infancia sin recursos

Consecuencias de una infancia sin recursos

Hace apenas unos días, caí, por casualidad, en una de esas multitudes callejeras que circulan por doquier. Eran cinco niños vagabundos que arrastraban una lata de refresco a patadas con sus pies. Vestían con trapos aparentemente viejos y rasgados. Eran altas horas de la noche. Seguí su camino, porque así lo tenía que hacer para llegar a casa, y, de repente, todo se hizo oscuro. Estábamos bajo uno de los puentes que hacen sombra a las carreteras de la capital madrileña., cerca de la Cuesta de San Vicente.

Pararon de andar. Se nombraban unos a otros dispuestos a hacer de un cúmulo de cartón su mejor cama para dormir aquella noche. Cuando volvía a casa, sentía nostalgia. Me quedé pensando en sus nombres: Usa, Yeray, Abu, Mad y Resa. Así se hacían llamar. No paraba de jugar con sus letras, y en uno de esos vaivenes, uní por casualidad la última vocal de sus nombres. Así, en ese mismo orden.

Apuesto lo que sea a que acabas de subir unas líneas más arriba para leer, de nuevo, los cinco nombres. Ya sabes a lo que me refiero, ¿verdad? ‘Ayuda’ fue la conclusión a la que llegué aquella noche. Es lo que necesitaban aquellos y otros tantos niños que, en España, y en otros países, viven en situaciones depravantes.

¿Cuáles son las consecuencias? ¿Qué podemos hacer por ellos? ¿Tenemos alguna solución en nuestras manos?

Mad, uno de ellos, ha querido compartir algunos detalles de su vida con nosotros.

Un niño sin recursos: “Me siento esclavo de las ideas dominantes”

Sentado junto a un bolardo, contaba cómo había aprendido a rebuscar en los contenedores de la calle. No le gustaba hacerlo, pero, en verdad, siempre había una ligera esperanza de encontrar algo de valor: un trozo de pan, por ejemplo. También hablaba de sus inseguridades físicas: de cómo algún otro “imbécil” le habían dicho que tenía unos brazos feos.

Los recursos han sido siempre algo ajeno a su persona. Entendiendo estos como “un conjunto de bienes, riquezas o medios de subsistencia”, así como “elementos disponibles para resolver una necesidad”, en el mundo, 1 de cada 4 niños y niñas viven en una situación extrema de pobreza, según Unicef. ¿No es alarmante? Mad, con 10 años, lo tiene claro: “Me siento esclavo de las ideas dominantes”, una afirmación que basa en torno a la situación actual en la que vive.

Una infancia sin recursos es una construcción a medias

A lo largo de nuestras vidas, hemos ido aprendiendo que existen diferentes tipos de recursos. Dependiendo de cuál sea nuestra constitución, necesitaremos unos recursos u otros. Por ejemplo:

  • Si somos una empresa. Los recursos que necesitas son: humanos, financieros, materiales y técnicos.
  • Si somos una persona. Los recursos que necesitas son: alimentos, hogar, higiene, salud, educación, afecto, cariño, etc.

Lo que somos hoy, es el resultado de lo que hemos vivido. Somos consecuencia de lo que absorbimos durante nuestra infancia. La atención y el cuidado especial que nos brindaron cuando fuimos niños han propiciado unas conductas determinadas. Por ello, vivir una infancia carente de recursos conlleva riesgos peligrosos y determinantes.

Consecuencias de una infancia sin recursos

Los niños tienen necesidades específicas que necesitan ser cubiertas: cuidado, orientación, buen trato, atención, espacio, juego, aprendizaje, etc. Son personas dominadas por la vulnerabilidad, entendida esta como “la capacidad disminuida de una persona o un grupo de personas para anticiparse, hacer frente y resistir a los efectos de un peligro natural o causado por la actividad humana, y para recuperarse de los mismos”. Así, la vulnerabilidad de los niños hace eco en la pobreza y en la discriminación cuando son adultos. Las consecuencias de una infancia sin recursos pueden ser muy graves, y se traducen en los siguientes puntos:

  1. Destrucción del bienestar.
  2. Desintegración social.
  3. Baja autoestima del niño.
  4. Malas conductas cuando son adultos:
  • La falta de cariño y afecto por parte de los padres puede provocar malas relaciones en la pareja cuando son adultos.
  • Depresión.
  • Vida poco funcional.
  1. Omisión de las oportunidades de aprendizaje y desarrollo.
  2. Dificultades para sobrevivir.
  3. Mala salud, marcada por enfermedades constantes.
  4. Problemas de alimentación.
  5. Exclusión
  6. Drogodependencia.

A veces, no conseguir lo que se quiere puede ser un maravilloso golpe de suerte. Sin embargo, esta reflexión deja de tener sentido cuando los recursos que acabamos de mencionar son una ausencia para los niños. Recursos básicos, primarios y necesarios para poder desarrollar la principal función de todo ser humano: vivir.

¡Una infancia sin recursos es un hándicap en los niños y niñas de todo el mundo!

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